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elegir un tratamiento estético

Cómo leer la piel para elegir el tratamiento estético adecuado

Elegir un tratamiento estético no puede basarse en cuál es el más popular, sino en qué necesita tu piel en ese momento. Dos personas pueden acudir a consulta porque quieren mejorar una mancha o una cicatriz y, sin embargo, presenta características totalmente distintas.

Por eso, antes de decidir qué tratamiento hacerte, es fundamental analizar el estado de la piel y lo que se quiere conseguir.

 

Elegir un tratamiento estético no es universal

Una preocupación estética puede tener distintas causas y manifestaciones. Por ejemplo, lo que una persona llama “mancha” puede corresponder en realidad a:

  • Alteraciones de la pigmentación
  • Melasma
  • Marcas posteriores a procesos inflamatorios
  • Lesiones pigmentadas
  • Cambios relacionados con determinados tratamientos o medicamentos

Lo mismo ocurre con las arrugas, las cicatrices o la textura irregular. Antes de elegir cómo tratarlas hay que determinar qué las está produciendo y qué características presenta la piel.

 

El fototipo y su importancia

El fototipo determina cómo responde la piel a la radiación ultravioleta. No todas las pieles reaccionan igual ante procedimientos que producen lesiones controladas o estimulan la renovación cutánea. 

Las pieles con mayor capacidad para producir pigmentación tras una inflamación suelen presentar un riesgo de hiperpigmentación postinflamatoria diferente. Por eso, el tratamiento adecuado para una persona puede no serlo para otra.

 

El estado actual de la barrera cutánea también condiciona el tratamiento

La barrera cutánea es lo que ayuda a mantener la hidratación y proteger frente a agentes externos. Cuando está alterada, puede haber más sequedad, sensibilidad, irritación, tirantez, etc.

Antes de elegir un tratamiento estético hay que comprobar si la piel se encuentra en buenas condiciones, es decir, que no haya:

  • Picor
  • Enrojecimiento persistente
  • Descamación
  • Sensibilidad ante productos que antes sentaban bien

En estos casos, el objetivo puede ser mejorar el estado de la piel antes de someterse a cualquier procedimiento estético.

 

Una piel sensible no es siempre una piel seca

Estos conceptos suelen confundirse, pero la sequedad hace referencia a una falta de lípidos y agua en la superficie cutánea, mientras que la sensibilidad describe una tendencia a reaccionar ante determinados estímulos.

Una persona puede tener la piel grasa y sensible, son dos canciones que pueden coexistir perfectamente. También puede tener una piel seca sin que sea reactiva.

Diferenciar estas características ayuda a elegir tratamientos y productos que resulten amables y respetuosos.

 

La pigmentación requiere especial atención

Si existen alteraciones de pigmentación es importante valorar:

  • Profundidad
  • Distribución
  • Exposición solar
  • Tipo de pigmentación
  • Si existe inflamación asociada

Un tratamiento demasiado agresivo puede provocar una respuesta inflamatoria que genere aún más pigmentación. Por eso, tratar una mancha debe hacerlo siempre un equipo médico profesional.

 

Lo que usamos en casa también es importante

¿Qué productos utilizas habitualmente? ¿Son lo que tu piel necesita actualmente o los has comprado por tendencia? Lo que usamos en casa puede influir en el estado de la piel y en cómo responde ante determinados procedimientos.

Es importante saber exactamente qué estás aplicando para evitar combinaciones que puedan provocar o incrementar innecesariamente irritación u otros problemas.

 

Ten claro el objetivo

No es lo mismo:

  • Mejorar la textura
  • Reducir lesiones pigmentadas
  • Atenuar cicatrices
  • Mejorar la apariencia de los poros
  • Tratar signos de fotoenvejecimiento
  • Mejorar la apariencia de determinadas arrugas

Por eso, una valoración profesional es fundamental para determinar qué resultado es posible en cada caso y cuánto puede mejorar realmente la zona tratada.

 

La edad no determina el tratamiento por sí sola

Es muy común asociar determinados procedimientos a determinadas edades, pero la edad cronológica no es lo único que determina el estado de la piel. También influyen la exposición solar acumulada, la genética, los hábitos… Dos personas de la misma edad pueden tener pieles y necesidades completamente distintas.

Lo importante es valorar la piel que tenemos delante, no elegir un tratamiento estético solo porque se considera apropiado para una determinada franja de edad.

 

El tratamiento tiene que adaptarse a la piel, no al revés

Las tendencias hacen que parezca que ciertos tratamientos son la solución perfecta para un problema, pero la estética no es una receta universal.

La elección tiene que basarse en una valoración individual que tenga en cuenta:

  • Características de la piel
  • Problema que se quiere tratar
  • Estado actual de la barrera cutánea
  • Fototipo
  • Tratamientos y productos utilizados
  • Antecedentes relevantes
  • Expectativas del paciente
  • Riesgos y contraindicaciones

Solo con estos aspectos en mente tiene sentido plantear un tratamiento concreto. Porque dos personas pueden querer lo mismo y necesitar modos de conseguirlo completamente distintos. Cuando hablamos de la piel, la personalización es fundamental a la hora de elegir un tratamiento estético.